jueves, enero 05, 2006

Los Programas de Estímulos al Desempeño Docente

La búsqueda de la llamada excelencia en las universidades mexicanas en la última década trajo como consecuencia la adopción de medidas extensivas e intensivas de evaluación académica. El diagnóstico inicial del nivel académico del sistema universitario y su productividad fue desalentador a nivel nacional, y la estrategia para lograr la excelencia ha sido:

  1. Incrementar el nivel (grados académicos) del profesorado,
  2. Elevar la productividad académica individual y grupal, y
  3. Acreditar las carreras (CIEES) y el postgrado en padrones de excelencia (PNP y PIFOP).

Para incentivar la producción académica se siguieron algunos modelos aplicados en otros sistemas educativos de países desarrollados, en los cuales se ofrecen ingresos extras no-ligados al salario basado en logros y méritos académicos. De esta manera, la mayoría de universidades auspiciadas económicamente por la SEP, instrumentaron programas de estímulos, los cuales con el paso de los años, han llegado a mediatizar la vida académica de instituciones como la nuestra.

Los programas de estímulos además de representar un aliciente para la mejora de la productividad y el ingreso, constituyen en la práctica el más eficiente instrumento de control salarial por parte del gobierno federal, al condicionar buena parte de los ingresos al desempeño académico. Esto ha traído como consecuencia que por un lado las negociaciones del contrato colectivo y los incrementos al salario dejen de ser tan importantes para el gremio (ahora la competencia es individual), y por otro lado, ningún académico en la actualidad concibe dejar de percibir los estímulos que en muchos de los casos constituyen el 50% o más de sus ingresos totales.

De entrada hay que decir que el monto relativo de los recursos económicos destinados a “estimular” a los académicos de las universidades como la UNAM, el IPN y la UAM, son mucho más importantes que aquellos destinados al resto de las universidades de los estados. En las universidades de los estados existe sólo un programa, mientras que en las universidades “centrales” operan hasta cinco, los cuales premian la “exclusividad”, la docencia y la investigación en programas específicos.

Programas de estímulos en las universidades “centrales”.

UNAM (PRIDE, FOMDOC, PEPASIG, PAIPA)

IPN (COFAA, EDD, EI)

UAM (EDI, BAP, BCD, EGA, ETA)

Más información a cerca de los alcances y términos de dichos programas puede ser encontrado aquí.

Dos argumentos en la práctica definen en mi personal visión, el debate en torno a los programas de estímulos, y es que a pesar de que estos programas existen en nuestra universidad desde hace varios años, 1) no se sabe que aspectos de la vida académica y en que medida han contribuido a mejorar, y 2) la mayoría de los académicos en nuestra universidad no cree que el programa de estímulos premie cuestiones estrictamente académicas. Para el debate sobre el primer aspecto se necesitan muchos más argumentos de los disponibles para formular un análisis objetivo, aunque existe la sospecha de que este programa así concebido, ha contribuido poco al desarrollo académico al menos para el caso de nuestro Centro Universitario ( CUCSUR):

-No se observa mejoría en los niveles de producción científica; la investigación y sus productos ni es más, ni es mejor.
-La consolidación de los cuerpos académicos y/o grupos de investigación no se ha dado, e incluso se observan algunos retrocesos a pesar de que el grado de escolaridad de los académicos vaya en aumento.
-El incremento en el nivel de las carreras impartidas es mínimo.
-El número de carreras sigue siendo el mismo desde hace varios años.
-Sigue sin darse la valoración institucional hacia el trabajo académico de calidad.
-Se carece de postgrados propios.

Habría que reconocer que no se espera que el programa de estímulos por sí mismo propicie el desarrollo académico, sin embargo dado que estimula directamente la productividad en materia de docencia, investigación y desarrollo institucional, cabría esperar señales claras de mejoría el nivel académico. Existen otros varios programas dirigidos a la búsqueda de la excelencia académica (mediante importantes apoyos individuales o institucionales a los cuales se accede por méritos (PIFI, PROMEP, S.N.I., etc), razón por la cual las mejoras en calidad deberían ser mas evidentes.

El programa de estímulos al desempeño docente de la Universidad de Guadalajara funciona por convocatorias anuales y contempla tres rubros de valoración:

-La calidad del desempeño de la docencia (70%) (aquí, se valoran la docencia, investigación, tutorías, y participación en cuerpos colegiados),

-La dedicación a la docencia (20%) (en función de las horas clase impartidas)

-La permanencia en las actividades de la docencia (10%) (antigüedad en la institución)

Durante los últimos años, la operación del programa de estímulos se ha caracterizado por:
1). El incremento en el número de recursos de inconformidad y el número de irregularidades señaladas en la evaluación. Lo cual podría entenderse como el producto del incremento de la tensión competitiva, sin embargo también podría evidenciar el creciente número de fallos en la instrumentación y operación del programa. Desde la designación de los comités evaluadores, hasta la supuesta discrecionalidad y excesos en la aplicación o interpretación de criterios.
2). El puntaje promedio de los académicos se ha venido incrementando. En el caso de un Centro Universitario de la Red, se tuvo que aplicar una auditoria ya que resultó que una mayoría inusitada alcanzó el máximo puntaje. El problema radicó en que como se parte de un bolsa de recursos preasignados (finitos), nunca alcanzan los “estímulos” para todo mundo, y aquéllos con puntaje bajo es frecuente que no alcancen “distinción económica”. Es decir que existe una línea de corte hasta donde alcanzan los recursos y en esa ocasión la línea de corte fue en los niveles más altos, quedando sin “estímulos” académicos con altos puntajes, lo cual propició una serie de imputaciones y señalamientos mutuos en el sentido que tanto los académicos como los funcionarios habían caído en excesos a la hora de solicitar y conceder constancias por supuestos logros académicos.

¿Cual es el perfil del académico que pueda alcanzar el máximo puntaje y hacerse acreedor a un estímulo de casi mil dólares mensuales extras a su salario (9 salarios mínimos a partir de 2006)? Definitivamente, muy pocos opinan que sea el de un superacadémico, aunque no quita que nuestros mejores académicos frecuentemente alcancen altos puntajes, lo cual no es de extrañar a nadie, aunque lo que sí resulta sorprendente es la manera en que mayoritariamente logran colarse año con año otros académicos de bajo perfil y productividad.

Los criterios a puntuar y el reparto de los puntajes de acuerdo al tabulador, son quizás las mayores críticas junto con los vicios que se han desarrollado en la “gestión” de constancias. Hay quien sostiene, que si un académico logra publicar 3 artículos científicos en las principales revistas científicas internacionales, impartir 2 cursos de postgrado, titular (como director de tesis) a 1 doctor, 1 maestro en ciencias y a 1 licenciado, conseguir financiamiento externo a un proyecto de investigación, todo lo anterior en un periodo de un año, sólo le alcanzaría para llegar a los niveles más bajos del programa de estímulos. ¡Lo peor de todo, es que es verdad¡. Las verdaderas variables de valoración de la actividad académica están completamente infravaloradas y se diluyen en una tabla de puntajes que más que un listado ponderado de criterios, se trata de un listado de minivariables o pseudovariables académicas con puntajes caprichosos. Cualquiera pensaría que un año con la producción antes mencionada, bastaría para que dicho académico no sólo se sintiera satisfecho, sino que fuera reconocido y premiado por su institución. La respuesta es que le haría falta incorporar en su CV, haber participado en alguna comisión dictaminadora o en un comité de carrera (desafortunadamente este tipo de distinciones constituyen una especie de franquicia a perpetuidad de unos cuantos). Faltaría en el caso de la docencia haber traducido algunos artículos para ser revisados en clase, elaborar apuntes para la materia y guías de prácticas (las cuales sólo requieren del visto bueno del Jefe de Departamento), la publicación de antologías y compilaciones (cualquier cosa que eso sea).

La tabla de puntaje que mide la calidad del desempeño de la docencia, está diseñada de tal manera que premia acciones de forma desarticulada y que por esta razón no redundan en mejoras sustanciales de la actividad académica. Es posible lograr grandes puntajes con sólo “morralla”, sin haber publicado ningún artículo, dirigido algún grupo de investigación, dirigido alguna tesis o subir un curso en linea (por otro lado, una publicación en revista indexada vale lo mismo que una o dos comisiones) . La “búsqueda del puntaje”, ha logrado modificar el accionar de una parte del profesorado universitario. Ya no se llega a fin de año con la lista de logros para ser evaluados. Ahora lo que se necesita es saber como se llena el mayor número de criterios, que cosa puede valer para cumplimentar tal o cual criterio, quien debería expedirme y en que términos tal o cual constancia. Como si de llenar un álbum de cartitas, se trata a toda costa de llenar todo el listado de criterios (de nada sirve publicar mucho ya que existen topes de puntaje por cada rubro), y el conseguir constancias dentro y fuera de la universidad, se ha convertido en el verdadero objetivo.

Los mecanismos administrativos para evitar el tráfico de constancias apócrifas no ha podido parar la parafernalia que se vive en los periodos previos al cierre de las convocatorias, y sólo han hecho mas farragoso el trámite de consecución de las muchas firmas y certificaciones que debe llevar cada constancia. Algunos jefes de departamento a pesar de lo anterior, han convertido la expedición de constancias en ferreos mecanismos clientelares de fidelización. La decisión de los jefes de departamento a la hora de expedir constancias puede hacer la diferencia sustancial para alcanzar altos niveles de estímulos y escalar categorías durante las promociones. Es frecuente observar expedientes con más de 50 constancias, lo cual haría en términos efectivos que un académico obtuviera tres constancias por semana laborada (... algo así como hacer cosas con valor a curriculum cada tecer dia). Lo anterior resulta excesivo a todas luces e ilustra el costo real del programa y la dificultad para los evaluadores.

El programa es necesario porque contribuye a mejorar los ingresos pero sería más efectivo si para todos tuviera un costo menor y estuviera basado verdaderamente en méritos académicos y premiara productos completos. La repercusión académica se podría lograr de manera automática cuando exista consenso en la valoración de los criterios académicos entre los diferentes programas internos y externos (estímulos, perfil PROMEP, RIPA, S.N.I., CONACyT, etc), ya que a pesar de que existen lineamientos federales que empiezan a converger, los programas internos parecen marchar por rumbos diferentes. El tráfico de constancias se resolvería sustancialmente con la simplificación de los criterios y la transparentación de los procesos (podriamos empezar por hacer públicos los expedientes).

Sin pretender hacer un análisis detallado de las condiciones imperantes en nuestras instituciones y aquellas de excelencia (de aquí o del primer mundo), las diferencias principales se podrían resumir en:

1) El nivel de formación de la plantilla. Para ser profesor en universidades de primer nivel, es requisito poseer grado de doctor, mientras que el grado promedio en nuestra universidad no llega a maestría,

2) El nivel salarial relativo. En uno es suficiente mientras que en el otro es insuficiente y da lugar a luchas por “estímulos” que doblan el salario,

3) Los recursos para desarrollar la actividad académica. En uno es suficiente mientras que en el otro no,

4) El ambiente propicio para el desarrollo de la academia. En uno el ambiente lo estimula, mientras que en el otro la “grilla”, la simulación y la organización inadecuada, lo inhiben.


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